Puntos clave
Junto a muchos fregaderos hay un botecito con agua y jabón. Adentro, una esponja que nunca termina de secarse.
En esponjas de cocina usadas se midieron zonas con hasta 54 mil millones de bacterias por centímetro cúbico.
Un jabón antibacterial no logró bajar Salmonella ni E. coli en esponjas con restos de comida en 24 horas.
En el laboratorio, la esponja que más tardó en secarse fue donde Salmonella creció desde el primer día.
Desinfecta, exprime hasta que no gotee, deja secar fuera del agua y cambia la esponja cada semana.
👋 Hola, soy la Dra. Luisa Javier, The Hygiene Scientist. Bienvenid(a) a Aziul Conexiones (🌎🔬 El Laboratorio de Sistemas Sostenibles), donde estudio cómo se construyen sistemas sostenibles para los negocios, el liderazgo y la vida.
El botecito junto al fregadero
En casas de México y en casas de Arabia he visto la misma escena. Junto al fregadero hay un botecito con agua con un chorrito de jabón de trastes. Ahí se moja la esponja para lavar, y muchas veces se queda ahí adentro toda la noche, con restos de comida flotando. A los dos o tres días el agua empieza a oler horrible, y aun así la esponja sigue ahí.
Si alguna vez te preguntaste cada cuánto cambiar la esponja de la cocina, ésta es la respuesta corta. Una esponja usada puede llegar a concentrar hasta 54 mil millones de bacterias por centímetro cúbico en sus zonas más pobladas, según un estudio de 14 esponjas usadas en Alemania. Lo que más las ayuda a crecer es la humedad. Desinfecta la esponja según su etiqueta, exprímela hasta que no gotee, déjala secar fuera del agua y cámbiala cada semana.
Por qué la esponja es la casa ideal del “biofilm” o biopelícula
El biofilm o biopelícula es una comunidad de bacterias que se pega a una superficie y queda envuelta en una matriz que ellas mismas fabrican, una especie de pegamento hecho sobre todo de proteínas y azúcares (Javier et al., 2021; Farhat et al., 2019). Se forma por etapas: unas cuantas bacterias se adhieren, se juntan en colonias, empiezan a soltar esa matriz y crecen en capas. La matriz las protege de lo que pasa afuera y, cuando el biofilm madura, suelta bacterias que salen a colonizar otras superficies (Javier et al., 2022).
Mi doctorado fue sobre biofilm en membranas de desalinización, y de ahí vienen los estudios que cito arriba. El enemigo era el mismo: una capa viva que se pega, se protege y vuelve aunque la laves. En uno de esos estudios, el biofilm que creció con poco alimento fue el más difícil de quitar con limpieza química (Farhat et al., 2019). En septiembre de 2025 di una charla en KAUST sobre limpieza y biofilm, y la idea que más resonó fue ésta: el biofilm se parece más a una fortaleza que a la mugre.
Una esponja de cocina le da a esa fortaleza todo lo que pide. Tiene miles de poros donde esconderse, restos de comida que sirven de alimento y, si vive en un botecito con agua, humedad todo el día.
La esponja que nunca se seca es una casa con la despensa llena y la puerta abierta.
Cuántas bacterias caben en una esponja usada
En 2017, un equipo de investigadores en Alemania, con la Universidad de Furtwangen al frente, analizó 14 esponjas de cocina usadas, recogidas en casas del suroeste de Alemania. Secuenciaron su ADN bacteriano y miraron su interior con microscopía confocal. En las zonas más pobladas estimaron densidades de hasta 54 mil millones de células por centímetro cúbico (Cardinale et al., 2017).
Para imaginarlo, piensa en un cubito de un centímetro por lado, más o menos del ancho de la uña de tu dedo meñique. En ese espacio, en las zonas más pobladas de la esponja, cabían unas seis veces y media más bacterias que todas las personas del planeta, que en 2024 éramos 8,200 millones (ONU, 2024).
Ese número describe los puntos más densos dentro de la esponja, no un promedio de toda la pieza. Aun así ayuda a dimensionar lo que no se ve: las bacterias vivían en las cavidades internas y en estructuras parecidas a biofilm, no solo en la superficie que tocas.
El mismo estudio encontró que cinco de los diez grupos de bacterias más abundantes estaban emparentados con especies de grupo de riesgo 2. Así se clasifican los microorganismos que pueden causar enfermedad en ciertas condiciones, sobre todo en personas con defensas bajas. Con ese dato no hace falta alarmarse, pero sí tratarla como la pieza de la cocina que más bacterias recoge y reparte.
Lo que el jabón de trastes no alcanza a hacer
Aquí está el detalle que el botecito esconde. El jabón de trastes está hecho para quitar grasa, y la mayoría no promete desinfectar. Un grupo de la Universidad de Wageningen probó un jabón de trastes antibacterial en esponjas usadas. En el tubo de ensayo, a concentraciones de 2 a 4%, todas las bacterias bajaron hasta no detectarse en 24 horas. Dentro de esponjas con restos de comida, el mismo producto no redujo de forma significativa a E. coli ni a Salmonella en ese tiempo (Kusumaningrum et al., 2002).
Los autores concluyen que lo que funciona en un tubo de ensayo no necesariamente funciona en las condiciones reales de una esponja de casa. Por eso el agua jabonosa del botecito, con restos flotando, no funciona como desinfectante, por mucho que huela a limón.
Remojar tampoco basta si el tiempo es corto. En un estudio del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, unas esponjas cargadas con una mezcla de carne molida y caldo de cultivo se dejaron tres minutos en una solución de cloro doméstico al 10%. El cloro, el jugo de limón, el agua sola y la esponja sin tratar quedaron en el mismo rango: entre 37 y 87% de bacterias eliminadas (Sharma et al., 2009; USDA ARS, 2007).
Lo que huele a limpio y lo que está desinfectado se miden con instrumentos distintos.
Secarla importa tanto como desinfectarla
Este es el paso que casi nadie menciona y el que yo más defiendo. En 2021, un equipo de Nofima, en Noruega, junto con la Universidad Católica Portuguesa, encuestó a 9,966 personas en diez países europeos sobre cómo lavan los trastes y luego probó en el laboratorio cómo sobreviven las bacterias en esponjas y en cepillos (Møretrø et al., 2021).
Los cepillos se secaron más rápido, y en ellos Salmonella bajó hasta no detectarse en tres días. En dos de los tres tipos de esponja, Salmonella sobrevivió más de siete días.
La diferencia más clara apareció en la esponja que más tardó en secarse. Ahí Salmonella creció desde el primer día y se mantuvo más alta que en las demás esponjas.
La lógica es sencilla. Una bacteria necesita agua para crecer, y el biofilm guarda agua para ella. Si exprimes la esponja hasta que no gotee y la dejas donde le dé el aire, le quitas a esa fortaleza su recurso principal. Si la dejas en el botecito, se lo das todo el día.
Desinfectar ataca a las bacterias. Secar les quita el agua que necesitan para volver.
¿Cada cuánto cambiar la esponja de la cocina?
Los autores del estudio alemán recomiendan cambiarla más o menos una vez por semana, y no confiar en lavarla una y otra vez (nota de prensa de la Universidad de Furtwangen, 2017). En sus datos, las esponjas que sus dueños limpiaban con regularidad en microondas o con agua caliente tenían una proporción mayor de bacterias potencialmente patógenas, y dos de los grupos dominantes eran más abundantes en ellas (Cardinale et al., 2017).
Eso no quiere decir que el calor no sirva. En el estudio del Departamento de Agricultura, un minuto de microondas a máxima potencia, con la esponja mojada, eliminó 99.99999% de las bacterias, y el lavavajillas con secado caliente eliminó 99.9998% (USDA ARS, 2007). La diferencia es de tiempo. Desinfectar deja la esponja limpia hoy, pero si sigue húmeda y con comida, la comunidad vuelve a crecer.
Por eso pienso en tres capas que trabajan juntas. La primera es física: enjuagar y exprimir para sacar comida y agua. La segunda es química o térmica: un desinfectante con el tiempo de contacto que pide su etiqueta, o calor. La tercera es el reemplazo: una esponja nueva cada semana, o antes si huele, se siente babosa o limpiaste jugos de carne cruda con ella.
Lo que hago en mi casa esta noche
Mi hábito es corto. Al terminar de lavar, le pongo desinfectante a la esponja, espero lo que indica la etiqueta y la exprimo con fuerza, lo más que puedo, hasta que no suelta agua. Luego la dejo parada, fuera de cualquier recipiente, donde le pegue el aire.
En mi casa el desinfectante que uso es de WAYAKIT. Soy la fundadora, así que tómalo como lo que es: lo que yo tengo a la mano. Cualquier desinfectante registrado para superficies de cocina sirve si respetas lo que dice su etiqueta. La parte que más cambia el resultado es la que no cuesta nada, y es exprimirla.
Si en tu casa existe el botecito, esta noche haz una prueba. Tira el agua, lava el recipiente y deja la esponja fuera, exprimida. Mañana tócala antes de lavar. Si está seca, ya le quitaste a las bacterias su mejor noche.
¿Dónde duerme la esponja en tu cocina?
El hábito que más protege a tu familia en el fregadero es gratis y dura lo que tardas en exprimir.
Lo que viene
La esponja es el ejemplo más cercano de algo que también pasa dentro del filtro de agua y de las tuberías: una comunidad que se pega, se protege y espera la humedad. La próxima semana hablo de eso, de cómo saber cuándo cambiar tu filtro sin depender de tu nariz.
Si te perdiste el ensayo anterior, ahí cuento por qué una científica del agua se volvió The Hygiene Scientist.
Tres dudas más sobre la esponja
¿Hervir la esponja sirve?
Sí. En el estudio europeo de 2021, hervirla fue uno de los métodos que redujeron Salmonella de forma eficaz, junto con el cloro y el lavavajillas. Igual que el calor del microondas, la deja limpia ese día; si después se queda húmeda y con comida, las bacterias regresan.
¿Una esponja nueva ya viene con bacterias?
En el estudio alemán de 2017, los investigadores no encontraron contaminación microbiana en esponjas recién compradas. Lo que la llena es el uso diario, con comida y humedad. Por eso el cambio semanal sí hace diferencia.
¿Me conviene cambiarme al cepillo?
Los autores del estudio europeo concluyeron que el cepillo es más higiénico que la esponja para lavar trastes y recomiendan usarlo. Si te cambias, aplica la misma regla: escúrrelo y déjalo secar parado, fuera del agua.
Luisa Javier · The Hygiene Scientist
Los episodios completos de The Hygiene Scientist llegan a YouTube en enero. Los Shorts ya están ahí: @thehygienescientist.
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Laboratorio público que estudia sistemas sostenibles en los negocios, el liderazgo y la vida. Ensayos, experimentos, observaciones de campo y casos de estudio de una científica del agua y fundadora (Dra. Luisa Javier) que opera entre LATAM y MENA. Aziul = Azul (el planeta) + Luisa (al revés)
Sobre la autora: Dra. Luisa Javier
La Dra. Luisa Javier es científica del agua (PhD, KAUST), la científica de higiene, y emprendedora en LATAM y MENA, enfocada en diseñar sistemas sostenibles para los negocios y la sociedad. Es Fundadora y CEO de WAYAKIT Group y autora de Aziul Conexiones.
Aziul Conexiones es el laboratorio público donde estudio cómo se construyen los sistemas sostenibles.
“Construyo vida sostenible a través de WAYAKIT, y estudio los sistemas detrás de ello a través de Aziul Conexiones.”
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Luisa
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Referencias
Javier, Farhat y Vrouwenvelder (2021), “Enhanced hydraulic cleanability of biofilms developed under a low phosphorus concentration in reverse osmosis membrane systems,” Water Research X, 10, 100085. DOI: 10.1016/j.wroa.2020.100085
Farhat, Javier, Van Loosdrecht, Kruithof y Vrouwenvelder (2019), “Role of feed water biodegradable substrate concentration on biofouling: Biofilm characteristics, membrane performance and cleanability,” Water Research, 150, 1 a 11. DOI: 10.1016/j.watres.2018.11.054
Javier, Pulido Beltran, Vrouwenvelder y Farhat (2022), “Permeation increases biofilm development in nanofiltration membranes operated with varying feed water phosphorous concentrations,” Membranes, 12(3), 335. DOI: 10.3390/membranes12030335
Cardinale, Kaiser, Lueders, Schnell y Egert (2017), “Microbiome analysis and confocal microscopy of used kitchen sponges reveal massive colonization by Acinetobacter, Moraxella and Chryseobacterium species,” Scientific Reports, 7, 5791. DOI: 10.1038/s41598-017-06055-9
Naciones Unidas (2024), “World Population Prospects 2024”, comunicado de prensa de julio de 2024 (8,200 millones de personas en 2024).
Kusumaningrum, Van Putten, Rombouts y Beumer (2002), “Effects of antibacterial dishwashing liquid on foodborne pathogens and competitive microorganisms in kitchen sponges,” Journal of Food Protection, 65(1), 61 a 65. DOI: 10.4315/0362-028X-65.1.61. Nota de vigencia: fuente de más de 10 años; se usa porque mide justo esta pregunta.
Sharma, Eastridge y Mudd (2009), “Effective household disinfection methods of kitchen sponges,” Food Control, 20(3), 310 a 313. DOI: 10.1016/j.foodcont.2008.05.020. Nota de vigencia: fuente de más de 10 años.
USDA Agricultural Research Service (2007), “Best ways to clean kitchen sponges,” nota de investigación del 23 de abril de 2007. Nota de vigencia: fuente de más de 10 años, página archivada.
Møretrø, Moen, Almli, Teixeira, Ferreira, Åsli, Nilsen y Langsrud (2021), “Dishwashing sponges and brushes: consumer practices and bacterial growth and survival,” International Journal of Food Microbiology, 337, 108928. DOI: 10.1016/j.ijfoodmicro.2020.108928
Hochschule Furtwangen, vía idw (2017), “The kitchen sponge: breeding ground for germs,” nota de prensa del 19 de julio de 2017.





