Caso de estudio 003 - La cuchara que tardó varios años en I&D
Rodrigo Jiménez tardó ocho años en hacer la primera cuchara biodegradable de Polymeron. Lo que lo sostuvo no fue venture capital.
Puntos clave
Polymeron transforma desechos de dátiles saudíes en pellets de plástico biodegradable. La idea inicial era hacer plásticos con hongos. No funcionó.
Rodrigo escogió no capitalizarse con venture capital cuando empezó, y hoy se acerca a inversionistas desde una posición distinta.
Su momento más bajo no fue técnico ni financiero. Fue un conflicto con un cofundador durante el doctorado.
La primera cuchara hecha con dátil tardó ocho años en salir. El sistema que la hizo posible no estaba en el laboratorio.
Cuando le pregunté qué sistema pasaría a la siguiente generación, Rodrigo respondió con dos palabras: un sistema de personas.
👋 Hola, soy Luisa Javier. Bienvenid(a) a Aziul Conexiones ( 🌎🔬El Laboratorio de Sistemas Sostenibles), donde estudio cómo se construyen sistemas sostenibles para los negocios, el liderazgo y la vida.
🎧 Escucha la entrevista completa con Rodrigo Jiménez
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Por qué Rodrigo es el caso de estudio 003
Rodrigo Jiménez Sandoval es biólogo de la UNAM, llegó a KAUST en 2012 para una maestría en ciencias e ingeniería ambiental, regresó a México cuatro años, y volvió en 2018 para el doctorado. En esa segunda llegada empezó Polymeron, la empresa que cofundó con Martín Ibarra para convertir desechos de dátil saudí en pellets de plástico biodegradable.
En 2019 el mundo produjo 460 millones de toneladas de plástico, y solo 6% se hizo a partir de plástico reciclado.
Polymeron no es la solución. Es un caso de estudio de cómo se construye una pieza pequeña de la solución durante ocho años sin colapsar.
Empezó como un side project en mi vida
“Yo puedo decir que como idea, Polymeron surgió a finales del 2018. Empezó como un side project en mi vida, y después fuimos ganando concursos. Llegó un momento en que ya estaba completamente envuelto en la empresa.”
La primera versión de Polymeron no era con dátiles. Era con hongos. Rodrigo y su equipo iteraron, vieron que no era factible a escala, y pivotaron al desperdicio de dátil. Arabia Saudita es el segundo productor mundial de dátiles. El insumo estaba en la calle, literalmente.
Lo que llama la atención no es el pivote. Es el ritmo. Una década entera entre la idea inicial y los primeros pellets vendidos. La mayoría de los founders que construyen tecnología profunda colapsan en el año tres porque el dinero del round inicial se agota antes de que la ciencia esté lista.
Si hubiéramos empezado con venture capital, no tendríamos espacio para atraer inversores hoy
Esta decisión es la columna vertebral del sistema Polymeron.
“Si hubiéramos empezado a capitalizarnos de la manera tradicional, digamos con venture capital, no tendríamos mucho espacio para poder empezar a atraer inversores en este momento.”
La secuencia de capital fue específica y deliberada. Primero la aceleradora TAQADAM de KAUST, que cubrió el registro de la empresa y los primeros productos. Después un concurso internacional de Tanmiah, el segundo productor de pollo más grande de Arabia, que gastaba diez millones de riyales al año en disponer desechos de aves y buscaba una forma de monetizarlos. Polymeron ganó. Tanmiah se convirtió en business partner. Después, fondos del National Technology Development Program. Tres fuentes no dilutivas. Cero participación cedida.
Solo ahora, con producto terminado y primeras ventas, Polymeron está abriendo la puerta a venture capital. Llegan a la mesa con leverage, no con súplica.
“No solamente es gastar tiempo, dinero. Es energía. Es salud mental.”
El costo del modelo lento no es solo paciencia. Es el desgaste humano de una década donde un cofundador se sale por desacuerdos, donde el doctorado y la empresa compiten por las mismas veinticuatro horas, y donde la pregunta “¿vale la pena seguir?” aparece más de una vez.
Wow, yo creé esto
Le pregunté a Rodrigo cuál fue el momento donde supo que el sistema servía. No me habló de un round cerrado ni de una patente. Me habló de una cuchara.
“Cuando tuvimos nuestras primeras cucharas hechas del plástico con los dátiles, sentí una emoción. No sé cómo explicarlo, pero fue como Wow, yo creé esto. Yo hice esto. Quiero seguir adelante.”
Esto pasó en el medio del periodo más duro del doctorado, justo después del conflicto con el cofundador que casi lo hace soltar todo. La cuchara no fue un trofeo. Fue alivio. Fue la primera prueba física de que ocho años de aguante habían producido algo que cabía en la mano.
Los sistemas que aguantan una década no se sostienen con motivación. Se sostienen con evidencias pequeñas, materiales, repartidas en el tiempo, que le dicen al founder que el camino sí lleva a algún lado.
Un sistema de personas
Al cierre de la entrevista le hice la pregunta que le hago a todos los invitados: si pudieras pasar solo un sistema sostenible a la siguiente generación, ¿cuál sería?
Rodrigo no habló de tecnología.
“Tener un sistema de personas que te ayuden a salir adelante. Siempre necesitamos alguien que te diga lo estás haciendo bien. Y a veces uno necesita un descanso. Tómate un fin de semana y vas a ver que las cosas se van a ver diferentes.”
Luego, sin que se lo preguntara, agregó la parte difícil:
“Tiene que haber un balance. Si te rodeas de personas que todo el tiempo te dicen lo estás haciendo muy bien, te vas a cegar. Pero si te rodeas de personas muy negativas, también te contagian su energía.”
Yo le compartí algo que escuché en un evento de Tony Robbins hace dos años. Una emprendedora de maquillaje hablaba del micrófono: a quién le subes el volumen y a quién no. La regla que ella usaba era simple. Le subes el volumen a quien ya hizo lo que tú estás intentando hacer. A quien tiene el caso, los números, la cicatriz. Al resto le bajas el volumen, no porque no importe como persona, sino porque opinar en papel y opinar habiendo pasado por ello son dos lenguajes diferentes.
Rodrigo confirmó la analogía en sus propias palabras. El sistema más crítico que Polymeron construyó no fue químico. Fue una arquitectura de quién le tiene micrófono y quién no.
Lo que también hablamos en la entrevista
Cómo crecer en la Ciudad de México le dio a Rodrigo la resiliencia para emprender en Arabia. Una ciudad que te forma carácter, que te enseña a pedir cosas.
Lo que Arabia le dio que México no le había dado: la costumbre de conocer a la persona antes del negocio. Los tecitos y cafecitos antes de hablar de números.
La diferencia cultural más concreta que aprendió. El día de la orientación en KAUST en 2012 cuando le extendió la mano a una estudiante árabe y ella, apenada, le explicó que no era costumbre.
Sus siguientes pasos: consolidar Arabia, expandir al Golfo, y eventualmente llevar el modelo a México con desperdicio de aguacate y a Brasil con una palma local cuyo nombre no recordaba durante la entrevista.
El audio completo está arriba.
Lo que puedes hacer mañana
Tres preguntas para revisar tu propio sistema, no el de Rodrigo:
¿Qué premio, concurso o fondo no dilutivo existe en tu industria que llevas más de un año posponiendo aplicar porque “no aplica para nosotros”?
¿A quién le estás subiendo el volumen del micrófono que no ha pasado por lo que tú estás construyendo?
¿Cuál es la primera “cuchara” que necesitas ver salir para saber que el sistema que estás construyendo sí sirve, y qué tan lejos estás de tenerla en la mano?
Este caso es el tercero de la serie de Casos de Estudio de Aziul Conexiones. El primero fue Esteban Sánchez-Canepa, CTO de Sadeem Technology y egresado de KAUST, sobre lo que de verdad sostiene a un fundador cuando el sistema externo se cae. El segundo fue Hassan Bash, consultor de operaciones saudí-americano, sobre la pregunta diagnóstica que usa con cada founder antes de aceptarlo como cliente. El próximo llega pronto.
Sigue a Rodrigo y a Polymeron
Rodrigo Jiménez Sandoval en LinkedIn: linkedin.com/in/rodrigo-jimenez-sandoval-
Polymeron en LinkedIn: linkedin.com/company/polymeronksa
Polymeron sitio web: polymeron.com
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Laboratorio público que estudia sistemas sostenibles en los negocios, el liderazgo y la vida. Ensayos, experimentos, observaciones de campo y casos de estudio de una fundadora de climate tech (Dra. Luisa Javier) que opera entre LATAM y MENA. Aziul = Azul (el planeta) + Luisa (al revés)
Sobre la autora: Dra. Luisa Javier
La Dra. Luisa Javier es científica y emprendedora de climate tech en LATAM y MENA, enfocada en diseñar sistemas sostenibles para los negocios y la sociedad. Es Fundadora y CEO de WAYAKIT Group y autora de Aziul Conexiones.
Aziul Conexiones es el laboratorio público donde estudio cómo se construyen los sistemas sostenibles.
“Construyo vida sostenible a través de WAYAKIT, y estudio los sistemas detrás de ello a través de Aziul Conexiones.”
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Luisa
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Para profundizar:
1. OECD (2022), “Plastic pollution is growing relentlessly as waste management and recycling fall short,” OECD Newsroom.
2. KAUST (2025), “Turning date waste into ‘green’ plastic: KAUST startup Polymeron champions circular economy,” KAUST News.
3. AGBI (2025), “The Saudi quest to turn campus ideas into startup success,” Arab Gulf Business Insight.




